Ensayo Expositivo sobre el Mandukya Upanishad según la perspectiva de Dharmachari Maitreyananda - por A. Martinez

 

El Mapa Integral de la Conciencia: Un Ensayo Expositivo sobre el

Mandukya Upanishad según la perspectiva de Dharmachari Maitreyananda


¿Qué son los Upanishads?

Son los textos filosófico-espirituales más profundos de la tradición india y marcan la culminación de los Vedas (por eso se les conoce como Vedanta, o "fin de los Vedas"). Su nombre significa "sentarse cerca", lo que hace referencia a los diálogos íntimos y reservados entre un maestro y su discípulo para transmitir el conocimiento último de la realidad. La pregunta fundamental de estos textos gira en torno a la esencia humana y la naturaleza de lo absoluto. Su respuesta revolucionaria es la identidad entre: Atman: El ser interior o conciencia profunda. Brahman: El principio supremo que sostiene el universo. Aunque la tradición tardía canonizó una lista de 108 Upanishads, no todos tienen el mismo valor. Destacan trece Upanishads mayores (mukhya upanishad) por ser los más antiguos y significativos. Sobre ellos, y gracias a los comentarios de maestros como Shankara, se fundó la escuela del Advaita Vedanta. Entre los más conocidos se encuentran el Isha, el Kena, el Katha, el Prashna, el Mundaka, el Mandukya, el Taittiriya, el Aitareya, el Chandogya y el Brihadaranyaka. Estos textos son considerados el corazón filosófico del hinduismo y han sido leídos durante más de dos milenios como fuente de sabiduría espiritual.

Poseen tres funciones esenciales, siendo la Filosófica, establece la ecuación metafísica de la unidad entre la conciencia íntima y el absoluto cósmico; Psicológica y Espiritual que ofrece un mapa de la mente analizando sus distintos niveles (vigilia, sueño con ensueños, sueño profundo y el estado trascendental) para enseñar cómo trascenderlos hacia la paz absoluta. Por último, Religiosa y Cultural actúa como un puente que desplaza el viejo ritualismo de sacrificios externos hacia una espiritualidad interior basada en la meditación, la indagación del yo y el conocimiento directo de uno mismo.

Impacto y Trascendencia.

Su relevancia desborda al hinduismo: inspiró al Yoga y al Samkhya, mantuvo un diálogo profundo con el budismo y el jainismo en Asia, e incluso impactó en la filosofía occidental moderna a través de pensadores como Schopenhauer, quien los consideró la obra más elevada de la sabiduría humana.

Introducción y Contextualización Filosófica

El Mandukya Upanishad en el que se centrará este ensayo, es unánimemente reconocido como uno de los textos más breves, pero simultáneamente más profundos, radicales e influyentes de la literatura védica y de la filosofía oriental en general. Este breve tratado de apenas doce mantras o versos contiene en su interior la quintaesencia del Advaita Vedanta: la doctrina de la no- dualidad absoluta. Su enseñanza central postula una identidad inquebrantable entre el núcleo más íntimo del ser humano, el Atman (el Sí mismo profundo), y el fundamento trascendental e inmanente de todo el universo, Brahman.

En el panorama contemporáneo, la lectura de este texto sagrado ha adquirido una dimensión completamente renovada gracias a la labor interpretativa y analítica de Dharmachari Maitreyananda (Fernando Estévez Griego). El autor, en su comentario del año 2026, nos presenta una aproximación que trasciende la mera traducción literal o el misticismo abstracto, construyendo un puente sólido,interdisciplinario y riguroso entre la metafísica vedántica tradicional y las corrientes más avanzadas de la psicología occidental moderna. A través de sus comentarios, Maitreyananda desentraña la obra no como una reliquia histórica u obsoleta de la especulación metafísica, sino como una verdadera cartografía de la mente humana, una guía fenomenológica aplicable al autoconocimiento, al bienestar psíquico y a la disolución del sufrimiento existencial.

El enfoque particular es que entrelaza de forma armónica la psicología de la religión, la filosofía de la mente, el psicoanálisis, la psicología fenomenológica y la psicología transpersonal. Conceptos clásicos del sánscrito como Vaishvanara, Taijasa, Prajna y Turiya dejan dede ser términos distantes para convertirse en realidades psicológicas observables: la mente consciente y racional, el inconsciente proyectivo y simbólico, el inconsciente basal o potencial, y la conciencia pura o testigo silencioso. Este ensayo tiene como propósito explicar con máxima claridad, fidelidad y detalle el contenido de los doce mantras de la Mandukya Upanishad a la luz de los comentarios de Maitreyananda, permitiendo al lector actual comprender con precisión y calidez existencial el mapa completo de su propia mente y la vía hacia la liberación espiritual.

 

En el primer Verso aparece el significado y el Simbolismo Absoluto de Om (Mantra 1)

Om, esta sílaba, es todo lo que existe. Todo lo que fue, lo que es y lo que será es, en verdad, Om. Y aquello que está más allá del tiempo, también es Om.

El primer mantra de la Mandukya Upanishad establece de manera directa una afirmación radical que define todo el curso de la obra: la sílaba Om (Omkara) no es simplemente un sonido sagrado, un canto litúrgico o un símbolo convencional arbitrario. Por el contrario, representa la expresión sonora del Absoluto, la totalidad de la realidad observable y no observable, y un puente existencial entre lo manifiesto y lo inmanifiesto. El texto sánscrito declara de forma precisa que Om abarca el pasado (bhuta), el presente (bhavat) y el futuro (bhavishyat). Estos tres tiempos cronológicos simbolizan el ciclo cósmico completo de creación, preservación y disolución en el que se inscribe la vida humana.

Dharmachari Maitreyananda, en su comentario psicológico-filosófico, destaca que, desde la perspectiva de la psicología de la religión, Om opera como la condensación absoluta de toda experiencia posible. La mente humana, en su búsqueda intrínseca de orden y sentido ante la fragmentación del mundo externo, requiere de un significante único capaz de englobar la multiplicidad. En este sentido, Maitreyananda asocia conceptualmente al Om con lo que Carl Gustav Jung denominó un "símbolo mandálico" o el arquetipo de la totalidad psíquica. El Om unifica la psique, actuando como el trasfondo inmutable sobre el cual aparecen y desaparecen todas las percepciones temporales del sujeto.

Asimismo, el verso introduce una noción aún más profunda mediante la expresión sánscrita "yac canyat trikalatitam", que se traduce como "aquello que está más allá de los tres tiempos". Aquí es donde la perspectiva de Maitreyananda cobra un valor.

Se nos explica que mientras el tiempo lineal pertenece al mundo ordinario de las experiencias y a la conciencia condicionada por el ego, lo que está más allá del pasado, presente y futuro apunta directamente a la realidad no-dual y atemporal. Desde la psicología fenomenológica, el presente vivido por la mente humana siempre incluye la retención de la memoria (pasado) y la anticipación (futuro); por lo tanto, el Om simboliza ese campo unificado y basal donde se tejen las dimensiones temporales de la mente, invitando al practicante a no identificarse en exclusividad con los contenidos psíquicos cambiantes —como las preocupaciones, los recuerdos o los planes proyectivos—, sino con la presencia más profunda que los contiene a todos en el silencio atemporal.

 

La Ecuación Sagrada y las Cuatro Patas del Atman (Mantra 2)

Traducción:

Todo esto es Brahman. Este mismo Sí mismo (Atman) es Brahman. Ese Atman tiene cuatro aspectos (o cuatro partes).

El segundo mantra formula la gran ecuación metafísica del Vedanta, considerada una de las verdades más revolucionarias de la historia del pensamiento humano: "Sarvam hy etad brahma, ayam atma brahma, so 'yam atma catushpat". Traducido fielmente, el texto nos dice: "Todo esto es Brahman. Este mismo Sí mismo (Atman) es Brahman. Ese Atman tiene cuatro aspectos (o cuatro patas)". Este verso destruye de raíz cualquier dualismo teológico o filosófico. No existen dos realidades separadas —una interna y subjetiva y otra externa y objetiva—, sino una sola y única realidad absoluta que en el plano cósmico macrocósmico se denomina Brahman y en el plano individual microcósmico se descubre como Atman. La meditación en el Om permite integrar la visión de que le sonido sagrado condensa tanto la totalidad cósmica como la experiencia individual. Se subraya aquí la inmensa fuerza psicológica que encierra esta afirmación. La conciencia ordinaria vive atrapada en una ilusión de separatividad, experimentando una brecha constante entre el "yo" interno y el "mundo" externo, lo que genera alienación, angustia existencial y desamparo. Al declarar que ayam atma brahma ("este Atman es Brahman"), utilizando el pronombre sánscrito   que denota inmediatez absoluta, el Upanishad nos indica que lo divino o lo absoluto no es un objeto lejano en los cielos ni una abstracción inalcanzable, sino el núcleo más íntimo e inmediato de nuestra propia experiencia de ser, el fondo mismo de la subjetividad pura.

Para sistematizar la exploración de este Ser, el mantra concluye señalando que el Atman es catushpat, término que significa literalmente "con cuatro patas" o "cuatro pies" dilucidando el concepto de estabilidad y completitud. Se recurre al simbolismo clásico védico para explicar que, así como un animal requiere de sus cuatro patas firmes para mantenerse en perfecto equilibrio y desplazarse con estabilidad, la totalidad de la conciencia humana se sostiene y se manifiesta de manera equilibrada a través de cuatro modos o estados de experiencia.

Estos cuatro modos son: el estado de vigilia (jagrat / vaishvanara), corresponde al nivel donde la mente se abre hacia los objetos externos; sueño con ensueños (svapna / taijasa) es el estado introspectivo donde la mente crea imágenes y narrativas internas- fase de actividad  REM; el estado de sueño profundo (sushupti / prajna) en donde la psique se recoge, no hay objetos ni deseos, se disuelve la conciencia individual;  el cuarto estado trascendental (Turiya) o trasfondo inmutable de la conciencia. Maitreyananda advierte, desde una perspectiva de salud psíquica, que ignorar o menospreciar cualquiera de estos aspectos de la experiencia —como suele hacer la sociedad moderna al sobredimensionar la vigilia racional y descartar el valor del mundo onírico o del descanso indiferenciado— provoca que el ser humano camine "cojo" en su vida psíquica, fragmentando su autoconocimiento y perdiendo la vivencia de la unidad originaria. Este segundo verso cumple dos funciones, afirmar que no existe una fractura entre individuo y cosmos y la de establecer que la conciencia se manifiesta en cuatro modos que deben entenderse como expresiones de una única realidad.

El Primer Aspecto: Vaishvanara y el Estado de Vigilia (Mantra 3)

Traducción:

El primer aspecto es Vaishvanara: su ámbito es el estado de vigilia, su conciencia está dirigida hacia lo externo, tiene siete miembros y diecinueve bocas, y disfruta de lo burdo (los objetos materiales).

El tercer mantra de la Mandukya Upanishad introduce formalmente el primer "pie" o aspecto del Atman, denominado Vaishvanara, cuyo campo de acción es el estado de vigilia (jagrat). En este nivel de la experiencia, la conciencia humana se encuentra dirigida y proyectada de manera casi exclusiva hacia el exterior (bahish-prajnah). Es la condición ordinaria en la que transcurre nuestra vida cotidiana, un plano caracterizado por la identificación absoluta de la conciencia con el cuerpo físico y con los órganos de los sentidos, lo cual genera la percepción de un universo fragmentado, material, lleno de objetos densos e individuos mutuamente aislados.

Para describir la estructura de Vaishvanara, el Upanishad recurre a una rica simbología cósmica y numérica. Afirma que posee siete miembros (saptanga) y diecinueve bocas (ekonavimshati-mukhah), y que su alimento o disfrute consiste en lo burdo, denso y material (sthula-bhuk). El Upanishad aclara detalladamente este simbolismo siguiendo la tradición clásica de comentaristas como Shankara, pero traduciéndolo a términos psicológicos universales. Los siete miembros no representan los brazos o piernas del cuerpo anatómico de un individuo aislado, sino los elementos constituyentes del cuerpo cósmico: el cielo como la cabeza, el sol como los ojos, el aire como el aliento vital, el fuego como la boca, el espacio como el tronco, el agua como la vejiga y la tierra como los pies. Esto demuestra que nuestra experiencia de vigilia individual es en realidad una manifestación localizada de una Conciencia Cósmica Universal; formamos parte indisoluble del tejido del universo sensible, del cual no estamos separados. Por otro lado, las diecinueve "bocas" representan los instrumentos específicos a través de los cuales la conciencia en vigilia "devora", consume y procesa el mundo exterior para apropiarse de él.  Estos diecinueve instrumentos constituyen el aparato psicofísico completo del ser humano, desglosado minuciosamente: los cinco órganos de percepción sensorial (oído, tacto, vista, gusto y olfato), los cinco órganos de acción física (manos, pies, lengua, órganos de excreción y reproducción), los cinco soplos vitales (pranas: prana, apana, vyana, samana y udana), y las cuatro facultades de la mente, a saber: la mente consciente (manas), la mente intelectual (buddhi), la mente egotistica (ahamkara) , la mente inconsciente y la memoria (citta)  A través de estas diecinueve bocas, el ser humano devora el mundo de los objetos apropiándoselo en su experiencia (sthula-bhuk)

Se concluye que, aunque la vigilia se percibe habitualmente como la única realidad definitiva y sólida, el Upanishad nos advierte pragmáticamente que es apenas la primera dimensión del Atman, una de las “cuatro patas” de la conciencia que, si bien es funcional e indispensable para la supervivencia biológica y social, no agota en absoluto la inmensidad de nuestro ser verdadero.

Este tercer verso, nos enseña que el estado de vigilia, es solo una parcial manifestación del Atman, y que “este posee dimensiones más sutiles y profundas que este verso prepara para explorar”.

 

El Segundo Aspecto: Taijasa y el Estado de Sueño con Ensueños (Mantra 4)

Traducción:

El segundo aspecto es Taijasa: su ámbito es el estado de sueño con ensueños, su conciencia está dirigida hacia lo interno, tiene siete miembros y diecinueve bocas, y disfruta de lo sutil (los objetos mentales).

El cuarto mantra de la obra se adentra en el segundo aspecto del Atman, denominado Taijasacuya morada o ámbito de experiencia es el estado de sueño con ensueños (svapna). En este nivel, se produce una inversión completa de la orientación de la conciencia: los sentidos físicos externos se desconectan por completo del entorno material, y la conciencia se dirige de manera exclusiva hacia el interior (antah-prajnah) ocupándose de impresiones mentales, recuerdos, deseos y formas sutiles que aparecen como imágenes en los sueños. Taijasa al igual que en Vaishvanara, posee igualmente siete miembros y diecinueve bocas, pero su alimento, disfrute y procesamiento consiste en lo sutil, lo diferenciado y lo estrictamente mental (praviviktabhuk). Los sueños revelan deseos inconscientes, temores, y aspiraciones, mostrando como la mente construye realidades internas tan convincentes como las externas. El Upanishad incluye este estado porque muestra que la conciencia no está limitada a la experiencia sensorial.

 El nombre Taijasa proviene de una raíz sánscrita que significa "luminoso", "brillante" o "radiante". Este apelativo es sumamente revelador: hace referencia a que, durante el estado de sueño, la mente no se encuentra sumida en la oscuridad o en la inactividad absoluta, sino que brilla con su propia luz interior de manera autónoma. Sin necesidad de recibir estímulos sensoriales ni fotones del mundo físico exterior, la conciencia es capaz de proyectar de forma endógena paisajes, personas, diálogos, emociones intensas y narrativas complejas que son percibidas por el sujeto con la misma certeza de realidad con la que experimenta el estado de vigilia.

Este fenómeno pone en tela de juicio el dogmatismo con el que abrazamos la supuesta solidez objetiva del mundo exterior en vigilia. Si mientras estamos soñando el universo onírico nos parece incuestionablemente real, coherente y tangible, ¿qué nos asegura que el estado de vigilia no sea también una elaborada construcción de la mente, interpretada a través de los filtros cognitivos del ego? Desde la psicología profunda, el estado de Taijasa devela la actividad creadora, simbólica y compensatoria del subconsciente. Las diecinueve bocas operan aquí de forma sutil, deseos reprimidos, temores arquetípicos e impresiones latentes acumuladas durante el día para modelar una realidad interna. Al reconocer a Taijasa como una dimensión legítima y constitutiva del Atman, se nos invita a integrar conscientemente los contenidos de nuestros sueños, superando la alienación de nuestra sombra psicológica y descubriendo que la conciencia posee la capacidad intrínseca de sostenerse e iluminarse a sí misma, independientemente del soporte de los objetos materiales. El Upanishad nos advierte que incluso aquello que nos parece más profundo continúa siendo un estado condicionado siendo apenas la segunda fase   de una conciencia que todavía habrá de desplegarse hacia niveles mas profundos

El Tercer Aspecto: Prajna y la Unidad del Sueño Profundo (Mantra 5)

Traducción:

El tercer aspecto es Prajna, el del sueño profundo (sushupti): cuando, estando dormido, no se desea ningún objeto ni se percibe ningún sueño, ese estado se llama sueño profundo. Allí todo se unifica, es una masa de conciencia, está lleno de dicha y disfruta de la dicha, con la mente como su acceso.

El quinto mantra de la Mandukya Upanishad nos introduce en el tercer aspecto del Atman, conocido con el nombre de Prajna (el conocedor por excelencia), cuyo ámbito característico es el estado de sueño profundo sin ensueños (sushupti). El texto define este estado de manera precisa y fenomenológica: es aquel espacio temporal en el cual el ser humano que duerme no experimenta ningún tipo de deseo (na kancana kamam kamayate) ni visualiza ninguna clase de sueño o imagen mental (na kancana svapnam pashyati). En este vacío aparente, toda la multiplicidad de la experiencia fenoménica, tanto externa como interna, se unifica de manera absoluta en una condición homogénea, descrita sánscritamente como una masa compacta de pura conciencia (prajnanaghana), colmada de dicha o bienaventuranza latente (anandamayo) y que disfruta directamente de esa dicha sin intermediarios (anandabhuk), esta afirmación se basa en la experiencia de descanso y renovación que acompaña al sueño profundo, teniendo a la mente en su estado basal como su puerta de acceso (cetomukhah).

En el comentario de Maitreyananda, este verso recibe un tratamiento psicológico revolucionario. Para la ciencia occidental y la mentalidad común, el sueño profundo sin ensueños suele ser catalogado erróneamente como un estado de mera inconsciencia biológica, un "vacío" o una simplesimple pausa en las funciones de la mente. Sin embargo, Maitreyananda, alineado con el Vedanta más puro, nos demuestra que en sushupti la conciencia no se apaga, sino que se recoge sobre sí misma, replegando todos sus tentáculos e instrumentos de proyección (las diecinueve bocas de la vigilia y del sueño con ensueños). Al no haber división entre sujeto y objeto, al desaparecer temporalmente el molesto y fragmentado sentido del ego individual (ahamkara), la psique experimenta un estado de reposo absoluto y de unificación total (ekibhutah).  Esta disolución temporal de las fronteras de la identidad ordinaria es la causa directa de que este estado sea llamado anandamayo (lleno de dicha). Quien despierta de un sueño profundo suele. exclamar: "He dormido de maravilla, no he pensado en nada, qué paz". Esa paz y esa dicha no provienen de haber obtenido un placer sensorial o de haber cumplido un deseo mundano, sino precisamente de la ausencia temporal del ego y de sus deseos insaciables. La conciencia reposa en su propia naturaleza pura, aunque sea de forma temporal e inconsciente.  Se resalta la importancia clínica de este estado para el equilibrio mental de las personas: es el espacio donde la psique se regenera al sumergirse en su matriz originaria, demostrando de manera empírica y cotidiana que nuestra identidad superficial y narrativa no es continua ni permanente, sino que emerge y se disuelve cíclicamente en un fondo mucho más vasto y unificado. El verso enseña que la experiencia humana posee una dimensión donde la multiplicidad se unifica. No obstante, la verdadera liberación no es un descanso inconsciente en esa unidad, sino su pleno reconocimiento; por eso la Mandukya Upanishad guía hacia Turiya, el estado donde la unidad coexiste con una lucidez perfecta y un conocimiento directo.

Prajna como Fundamento y Matriz Universal (Mantra 6)

Traducción:

Este (Prajna, del sueño profundo) es el señor de todo, el conocedor de todo, el que mora en el interior de todos, el origen de todo, pues de él surgen y a él regresan todos los seres.

El sexto mantra de la obra profundiza de manera radical en la naturaleza del tercer aspecto del Atman, el concepto de Prajna, desde una dimensión puramente individual y psicológica hacia un principio metafísico y cósmico de alcances monumentales. El texto sánscrito afirma categóricamente sobre Prajna: "Esha sarveshvarah esha sarvajnah esha antaryamy esha yonih sarvasya prabhavapyayau hi bhutanam". Esto se traduce de forma clara: "Él es el Señor de todo (sarveshvara), Él es el conocedor de todo (sarvajna), Él es el morador interno o gobernante interno (antaryami), Él es la fuente, origen o matriz universal de todo (yonih sarvasya), del cual emergen todos los seres y al cual, finalmente, retornan para su disolución".

Dharmachari Maitreyananda desglosa con maestría las implicaciones de este mantra para la psicología transpersonal y la filosofía existencial contemporánea. El Upanishad genera aquí un salto cualitativo: lo que en el mantra anterior parecía ser únicamente la descripción clínica del sueño profundo de un individuo, aquí se revela como el fundamento ontológico del universo manifestado. Al denominar a Prajna como sarveshvara (el Señor de todo), aclarando que no se refiere a una deidad antropomórfica exterior sentado en un trono celestial, sino a la Conciencia Absoluta en su estado de potencialidad pura latente, la cual coordina, sostiene y rige las leyes del cosmos entero desde la permanencia más profunda.

Cuando el verso define a Prajna como sarvajna (el conocedor de todo), se puntualiza que este saber no debe confundirse en lo más mínimo con el conocimiento intelectual, racional, acumulativo o académico propio de la mente en vigilia (buddhi). En el sueño profundo no hay pensamientos articulados ni datos estructurados; lo que hay es un conocimiento basal, una omnisciencia potencial donde residen las semillas de todas las formas de experiencia futuras. Desde la perspectiva del psicoanálisis y la psicología profunda de Jung, representa el nivel del inconsciente colectivo o matriz primordial de la psique, el yoni o útero cósmico del cual surge diariamente nuestra conciencia ordinaria al despertar y al cual se reabsorbe por las noches. Cada ciclo de veinticuatro horas de la vida humana se convierte así, según Maitreyananda, en un reflejo microcósmico y a escala del gran ciclo cósmico de manifestación, preservación y disolución del universo. Sin embargo, el autor introduce una advertencia espiritual fundamental: a pesar de su inmensa paz y su carácter unificado, Prajna sigue siendo un estado condicionado e incompleto, debido a que se encuentra cubierto por el velo de la ignorancia o la inconsciencia (avidya). El sujeto experimenta la unidad, pero no de forma lúcida ni despierta. Por ende, Prajna constituye la preparación indispensable, el umbral último que el buscador espiritual debe cruzar para acceder a la verdadera iluminación no-dual. En otras palabras, el sexto verso de la Mandukya Upanishad define a Prajna (el estado de sueño profundo) como el fundamento universal, rector y origen de todo lo existente. Así, el texto enseña que tras la aparente multiplicidad del universo yace una única realidad profunda y silenciosa que sostiene toda la experiencia


Turiya: El Cuarto Estado y la Trascendencia No-Dual (Mantra 7)

Traducción:

El cuarto estado (Turiya) no es la conciencia interior, ni la conciencia exterior, ni ambas; no es una masa indiferenciada de conciencia, ni conocimiento ni ausencia de conocimiento. Es invisible, inaccesible a la relación, incomprensible, sin rasgos, inimaginable e indescriptible. Su esencia es la certeza de la unidad del Sí mismo. Es la cesación de toda manifestación, paz, bienaventuranza y no-dualidad. Eso es considerado el cuarto estado. Ese es el Atman. Ese debe ser conocido.


El séptimo mantra constituye, sin lugar a dudas, el clímax absoluto, el corazón vibrante y la cumbre filosófica no solo del Mandukya Upanishad, sino de todo el pensamiento no-dual del Advaita Vedanta. Es aquí donde se introduce y define formalmente a Turiya, término que significa literalmente "el cuarto" (caturtham). Para salvaguardar la pureza de este concepto y evitar que la mente racional caiga en el error de cosificarlo o reducirlo a un objeto de pensamiento más, el texto sánscrito utiliza con rigor metodológico la vía de la negación absoluta, conocida tradicionalmente como el método neti, neti ("no esto, no esto").

El mantra comienza declarando de forma contundente lo que Turiya no es: no es la conciencia orientada hacia el interior o subjetiva (nantahprajnam, descartando el estado de sueño), no es la conciencia orientada hacia el exterior o empírica (na bahishprajnam, descartando la vigilia), no es un estado intermedio entre ambos (nobhayatah prajnam), no es una masa indiferenciada de conciencia latente (na prajnanaghanam, descartando el sueño profundo), ni es conocimiento con contenido ni ausencia total de conocimiento (na prajnam naprajnam). Asimismo, el texto enumera una serie de adjetivos negativos de una precisión demoledora: es invisible o imperceptible a los sentidos físicos (adrishtam); es inaccesible a cualquier tipo de relación en el mundo relativo (avyavaharyam); es inaprehensible o incomprensible para los instrumentos ordinarios de captación cognitiva (agrahyam); carece por completo de rasgos, marcas o atributos definitorios (alakshanam); es radicalmente inimaginable para la fantasía (acintyam); es indescriptible o innombrable para el lenguaje articulado (avyapadeshyam).

Se despliega en este punto un comentario psicológico y filosófico de una claridad meridiana para el lector que busca comprender de qué se trata verdaderamente. Nos explica que Turiya no es, en realidad, un "cuarto estado de conciencia" que venga a sumarse cronológicamente o a competir de forma secuencial con la vigilia, el sueño con ensueños y el sueño profundo. Si fuera simplemente un estado más, estaría sujeto al nacimiento, la modificación y la muerte, tal como los otros tres. Turiya es, por el contrario, el trasfondo inmutable, la pantalla de cine pura y limpia sobre la cual se proyectan de forma cambiante las imágenes de la vigilia, los ensueños y el vacío del sueño profundo. En la psicología transpersonal y la fenomenología de la mente, Se define a Turiya como la Conciencia Pura en sí misma, el "Testigo Silencioso" (sakshi) de todos los contenidos psíquicos. Turiya no depende de pensamientos, ni de emociones, ni de sensaciones físicas para existir; es la pura presencia consciente autorreferencial.

Para complementar las negaciones, el mantra ofrece definiciones de carácter positivo de una belleza espiritual conmovedora: afirma que la esencia misma de Turiya es la certeza inamovible de la unidad de nuestro propio Sí mismo (ekatmapratyayasaram); es la cesación absoluta de toda la manifestación ilusoria de la multiplicidad y del sufrimiento (prapancopashamam); y es paz absoluta (shantam), bienaventuranza suprema (shivam) y no-dualidad pura (advaitam). El mantra concluye con una orden directa, de un peso existencial incalculable: "sa atma sa vijneyah", que significa: "Ese es el Atman. Ese debe ser conocido". Se expresa de forma cristalina que "conocer" a Turiya no significa estudiarlo de manera teórica o memorizarlo intelectualmente como un concepto académico, sino reconocerlo de forma directa, experiencial e intuitiva en el silencio profundo de la meditación, descubriendo que esa conciencia de paz y no-separación es lo que siempre hemos sido, somos y seremos en lo más profundo de nuestro ser verdadero.

El verso 7 constituye una de las enseñanzas más radicales de toda la filosofía india, negando todas las categorías mentales para señalar una realidad que no puede objetivarse, además de proponer superar los dualismos que sostienen el sufrimiento humano. este verso plasma un nivel de conciencia pura, sin contenido, donde se reconoce la unidad fundamental del ser.

El séptimo verso es el corazón doctrinal de la Mandukya Upanishad, pues define a Turiya: psicológicamente, como una dimensión transpersonal más allá del ego; y filosóficamente, como la realidad última que no se puede pensar, sino únicamente reconocer como paz, bienaventuranza y no dualidad.

La Fonética Sagrada y la Correspondencia con las Matras (mantra 8)

Traducción

Este mismo Atman se expresa mediante la sílaba Om. Om, con sus partes, corresponde a sus aspectos. Las partes son los cuartos, y los cuartos son las partes:  la A, la U y la M.

Tras haber completado la magistral descripción fenomenológica de los cuatro aspectos o "patas" del Atman, el Mandukya Upanishad efectúa un giro metodológico y pedagógico de enorme valor práctico en sus mantras posteriores. A partir del octavo mantra, el texto correlaciona de manera sistemática y matemática los aspectos del Atman con la estructura fonética de la sílaba sagrada Om. El verso indica que el Om, considerado desde la perspectiva de las letras o elementos constitutivos sonoros, posee tres medidas, partes o fonemas, denominados en sánscrito matras. Estos tres matras son los sonidos de las letras A (vigilia – vaishvanara, en donde la conciencia se dirige hacia el mundo exterior y los objetos sensoriales) U (sueño con ensueños- taijasa, en donde la conciencia se vuelve hacia el mundo interior de imágenes, recuerdos y símbolos) y M (sueño profundo, en donde toda la diferenciación mental se absorbe en una masa indiferenciada de conciencia).

 El mantra establece explícitamente que cada una de estas partes sonoras equivale y se corresponde con uno de los estados de la conciencia condicionada, mientras que el cuarto estado (Turiya) se asocia directamente con el silencio inmedible que sigue a la pronunciación completa del Om. La parte más importante de Om es el silencio posterior: psicológicamente, simboliza el cese de la mente discursiva y el ego para dar paso a una conciencia unificada; filosóficamente, representa la dimensión no dual del ser.

El estado de vigilia, Vaishvanara, corresponde a la A, la primera medida de Om, por ser el comienzo y la base de todo. (Mantra 9)

El estado de vigilia, Vaishvanara, corresponde a la A, la primera medida de Om, por ser el comienzo y la base de todo. Quien así lo conoce alcanza en verdad todos sus deseos y se vuelve el primero (líder entre los hombres).

El noveno mantra detalla la correspondencia del primer sonido, la letra "A" (el fonema inicial), con el primer aspecto del Atman, es decir, con Vaishvanara y el estado de vigilia (jagrat). El texto justifica esta íntima relación basándose en dos propiedades intrínsecas: la propiedad de ser el comienzo u origen de todo (adimattva) y la propiedad de penetración o pervasividad (apti). El sonido de la letra "A" es el sonido gutural primario, la base fundamental y el punto de partida indispensable para la articulación de cualquier otro fonema o palabra en el lenguaje humano; de la misma manera, el estado de vigilia constituye la base empírica, el punto de inicio consciente y el marco de referencia primario desde el cual el ser humano despierta a la vida, organiza sus percepciones y comienza su andadura existencial en el mundo de las formas. Quien conoce y medita profundamente en esta identidad, afirma el Upanishad, ve cumplidos todos sus deseos legítimos y alcanza la preeminencia y el éxito en sus propósitos mundanos.

Se explica que el Upanishad no está ofreciendo una fórmula mágica de prosperidad material individual, sino un principio de integración psicológica. La letra "A" representa la mente consciente, racional, empírica y adaptativa, que organiza la experiencia cotidiana con realismo y discernimiento. Meditar en la "A" implica desarrollar una atención plena y lúcida en el estado de vigilia, sin evadirse de las responsabilidades materiales ni de la realidad física del cuerpo y del entorno social. La salud mental y el éxito existencial comienzan, por reconocer y armonizar este nivel primario de la conciencia, impidiendo que la persona ande dispersa o alienada de su entorno concreto, asentando los pies firmes sobre la tierra antes de pretender elevarse hacia las dimensiones sutiles de la psique. Este verso enseña que la vigilia es el fundamento de la acción y el deseo humanos (psicología), pero también parte de la estructura sagrada de la conciencia en Om (filosofía). Comprender esta correspondencia permite integrar la experiencia externa para actuar en el mundo con mayor lucidez, equilibrio y plenitud.

 

La Letra "U" y el Mundo Sutil del Inconsciente (Mantra 10)

El estado de sueño con ensueños, Taijasa, corresponde a la U, la segunda medida de Om, por elevación y por intermedio. Quien así lo conoce eleva la corriente de su conocimiento, se vuelve equilibrado y no queda falto de descendencia.

Se expresa aquí el enfoque en la correspondencia de la segunda medida o sonido de la sílaba sagrada, la letra "U", con el segundo aspecto del Atman, personificado en Taijasa y el estado de sueño con ensueños (svapna). La justificación tradicional para esta analogía descansa en dos cualidades esenciales: la cualidad de elevación, intermediación o excelencia (utkarsha) y la cualidad de neutralidad, igualdad o dualidad compartida (ubhayatva).

La letra "U" se sitúa fonéticamente en una posición intermedia y de transición fluida entre la apertura total, de la "A" y el cierre absoluto de la "M"; de igual modo, el estado de sueño con ensueños representa un puente psicológico, una zona liminal y de transición entre la exterioridad densa de la vigilia y la interioridad indiferenciada del sueño profundo.

El texto añade una afirmación metafórica de gran calado espiritual y psicológico: quien conoce de forma experiencial esta correspondencia y medita en ella de manera sostenida, "eleva el flujo de su conocimiento, se vuelve ecuanimidad y equilibrio ante todas las circunstancias de la vida, y no queda jamás falto de descendencia o fertilidad espiritual en su linaje". Se desentraña el profundo significado de este verso para el hombre contemporáneo, alejándose de las interpretaciones literales o biológicas de la palabra "descendencia". En su comentario psicológico-filosófico, se nos aclara que la descendencia representa en este contexto la fecundidad creadora, la producción interior, la maduración de las ideas, la intuición artística y la fertilidad espiritual de la mente.

La letra "U", al simbolizar a Taijasa y la mente subconsciente u onírica, evoca la capacidad intrínseca del ser humano para replegar su atención del ruido del mundo material y adentrarse en la riqueza de sus propios símbolos, arquetipos y dinámicas interiores. Quien integra de manera consciente y madura los mensajes de su inconsciente con la vida cotidiana en vigilia se vuelve una persona sumamente fecunda en ideas, proyectos y comprensiones profundas. Logra, además, la cualidad de ubhayatva (la ecuanimidad), pues al comprender que el mundo interior de los sueños es tan maleable y fluido como la propia mente, desarrolla una perspectiva mucho más flexible, compasiva y equilibrada ante las fluctuaciones azarosas del destino externo. El texto nos guía a que meditar en la "U" es la vía para despertar la creatividad oculta de la psique y sanar las fragmentaciones neuróticas que surgen cuando la mente consciente rechaza u olvida el valor terapéutico e iluminador de su propia luz interior onírica. El Verso 10 asocia el sueño con ensueños (Taijasa) con la letra U de Om como símbolo de transición y elevación. Espiritualmente, marca el giro de la conciencia hacia el interior; psicológicamente, funciona como un puente entre el consciente e inconsciente que integra emociones y recuerdos. Comprender esta relación otorga equilibrio interior, creatividad y una asimilación más profunda de la experiencia humana.

La Letra "M" y la Absorción de la Mente (Mantra 11)

El estado de sueño profundo, Prajna, corresponde a la M, la tercera medida de Om, por ser el fin y la absorción de todo. Quien así lo conoce mide y abarca todo, y todo lo absorbe en sí mismo.

Se aborda aquí la correspondencia de la tercera y última medida audible de la sílaba sagrada Om, la letra "M", con el tercer aspecto del Atman, que se manifiesta como Prajna en el estado de sueño profundo sin ensueños (sushupti). Las dos características fundamentales que sustentan esta íntima analogía fonética y metafísica son: la cualidad de medida o contención (miti) la cualidad de reabsorción, fusión o disolución final (apiti). Al pronunciar el Om de forma continua, el sonido prolongado de la "M" labial actúa como el cierre definitivo del flujo vocal, atrapando y conteniendo el aliento en el espacio interior de la boca; del mismo modo, el estado de sueño profundo opera como el punto de clausura y disolución diaria donde se recogen, apagan y unifican todas las proyecciones sensoriales, pensamientos e identidades fragmentadas que el individuo desplegó durante la vigilia y los ensueños.

El Upanishad declara formalmente que aquel buscador que llega a comprender esta correspondencia y medita en ella con devoción y lucidez, "es capaz de medir o comprender la verdadera naturaleza de todo el universo y se vuelve capaz de absorber o disolver todo lo creado en su propia fuente primordial". Dharmachari Maitreyananda vierte luz diáfana sobre este pasaje de tintes pretendidamente mágicos, traduciéndolo a una verdad psicológica accesible y de gran utilidad clínica. Explica que el término miti (medir o comprender) alude a que, al comprender el proceso por el cual nuestra mente se disuelve cada noche en el sueño profundo, logramos descifrar el mecanismo estructural de toda la psique humana. Entendemos de golpe que la multiplicidad del mundo fenoménico no posee una existencia sustancial independiente, sino que es proyectada y reabsorbida constantemente por el trasfondo de la conciencia.

La letra "M" representa a la mente inconsciente en su nivel más basal y puro. Meditar lúcidamente en la "M" —especialmente en el eco vibratorio que resuena y se desvanece lentamente en el aparato fonador— permite al practicante experimentar de manera consciente el desapego absoluto de las formas y de los conceptos. El ego egoico y narrativo se silencia, permitiendo que la psique retorne de forma voluntaria a su fuente de potencialidad pura, lo que disuelve el estrés crónico, los traumas arraigados y la angustia existencial del aislamiento. La letra M representa el umbral donde la multiplicidad se absorbe y retorna a su fuente inconsciente durante el sueño profundo (Prajna). Sin embargo, al no ser la meta final, el silencio posterior a la M simboliza a Turiya como el umbral entre el mundo de los estados condicionados y la realidad trascendental que denomina la Upanishad

 

El Silencio Trascendental e Inmedible (Mantra 12)

El cuarto estado es sin medida, inaccesible a la relación, la cesación de toda manifestación, paz, bienaventuranza y no-dualidad. Así, Om es verdaderamente el Atman. Quien lo conoce así penetra con el Atman en el Atman mismo.

El duodécimo y último mantra de la Mandukya Upanishad constituye la glorificación de la obra, la resolución perfecta de toda la enseñanza védica no-dual. Este verso define el aspecto inaudible de Om, denominado en sánscrito amatra, que significa literalmente "sin medida", "sin partes" o "más allá de las sílabas". Este aspecto inmedible se corresponde de forma directa y absoluta con el cuarto estado, con Turiya. El texto describe este plano como inaccesible a las transacciones relativas (avyavaharyah), como la cesación completa de toda manifestación ilusoria de la multiplicidad (prapancopashamam), y como el reino de la paz perfecta (shivo) y de la no-dualidad absoluta (advaita). El mantra concluye sentenciando de forma magistral: "Evam onkara atmaiva samvishaty atmana atmanam ya veda", que significa: "Así, Om es verdaderamente el Atman mismo. Quien conoce esta verdad oculta, penetra con su propio Atman en el Atman mismo".

Maitreyananda despliega en este cierre un comentario filosófico y existencial de una belleza y una claridad deslumbrantes. Nos explica que amatra es el silencio colmado de presencia que acontece inmediatamente después de que el sonido de la "M" del Om se desvanece por completo en el aire. Este silencio no es la mera ausencia de ruido físico, sino el silencio ontológico, la vacuidad creadora y la plenitud del ser que constituye nuestra verdadera naturaleza inmutable. En el ámbito de la psicología transpersonal, se asocia esta experiencia con la disolución final del ego separado y alienado. "Penetrar con el Atman en el Atman mismo" describe el colapso definitivo de la ilusión de la dualidad: el sujeto individual reconoce, con una certeza intuitiva inamovible, que jamás estuvo separado del océano infinito de la Conciencia Universal.

Se recalca en el texto que este reconocimiento directo y experiencial (vijneya) es la definición vedántica genuina de la liberación espiritual o moksha. La liberación no consiste en adquirir un conocimiento erudito exótico o en mudarse a un plano celestial tras la muerte física, sino en despertar de forma lúcida aquí y ahora al hecho de que somos el trasfondo de paz y bienaventuranza que sostiene todos los estados cambiantes de la mente. Cuando el buscador se establece firmemente en Turiya, la ansiedad existencial producida por la separatividad disminuye radicalmente, el miedo primordial a la muerte se disuelve por completo y surge una experiencia de libertad interna indomable, que ya no depende de las circunstancias externas ni de los vaivenes emocionales de la vida ordinaria. Con este mantra, se sella el mapa de la conciencia, entregando al lector una llave maestra para la autorrealización personal. El Verso 12 constituye la culminación de la Mandukya Upanishad. Identifica Turiya con lo amatra, aquello que está más allá de A–U–M y más allá de toda diferenciación.

 

La Psicología Estructural del Mandukya Upanishad

Para sistematizar la aportación teórica e integradora de Dharmachari Maitreyananda, es de vital importancia exponer de forma ordenada la Psicología Estructural que extrae a partir del estudio del Mandukya Upanishad.  En el texto se  demuestra que los doce mantras del texto sagrado configuran una estructuración sofisticada de las capas o niveles de la mente humana, anticipándose a los descubrimientos del psicoanálisis y de la psicología existencial de occidente. Esta psicología estructural se desglosa en los siguientes siete niveles fundamentales explicados con un lenguaje transparente:

Mente Consciente (jagrat / manas en vigilia): Se corresponde con el estado de vigilia y el aspecto de Vaishvanara. Es la mente sensorial, práctica, empírica y estrictamente racional que se orienta de manera exclusiva hacia los objetos externos del mundo físico. Su función principal es percibir, categorizar, organizar y operar adaptativamente en la experiencia cotidiana y social, permitiendo la supervivencia y la interacción práctica del sujeto con su entorno denso.

 Mente Preconsciente: Es el nivel de la psique que ejerce el papel de filtro, aduana y zona de preparación para los contenidos mentales que intentan transitar desde el inconsciente hacia la mente consciente. Vinculada de forma directa con los procesos de la memoria latente (smrti) y con el papel de manas como organizador básico de las impresiones sensoriales crudas. Se asemeja conceptualmente al estado de transición sutil que acontece entre la vigilia y el sueño.

Mente Inconsciente (sushupti / prajna): Equivalente al estado de sueño profundo sin ensueños y al aspecto de Prajna. En este nivel no existen deseos conscientes, imágenes oníricas, proyecciones ni representaciones mentales de ninguna clase; la psique se repliega por completo en una masa homogénea e indiferenciada. Este inconsciente no constituye un vacío inerte o negativo, sino un inmenso depósito de potencialidades puras, la matriz universal o útero psíquico del cual emergen cíclicamente todos los contenidos de la mente.

Mente Subconsciente (svapna / taijasa): Corresponde de manera directa al estado de sueño con ensueños y al aspecto de Taijasa. En la tradición del yoga clásico y en los comentarios de Maitreyananda, este nivel representa el depósito dinámico donde se almacenan las impresiones profundas (samskaras) y las tendencias o deseos latentes (vasanas) que condicionan y determinan en secreto la conducta consciente del individuo. Se manifiesta con esplendor creativo a través del lenguaje simbólico, metafórico y arquetípico de los sueños en la fase REM.

Mente Intelectual (buddhi): Es la facultad superior de discernimiento, análisis crítico, juicio lógico, toma de decisiones voluntarias y evaluación ética de las experiencias. Aunque en el texto brevísimo de la Mandukya no se la menciona con un mantra exclusivo, se resalta con agudeza que el buddhi se encuentra explícitamente listado e integrado entre las "diecinueve bocas" o instrumentos indispensables que conforman el aparato completo de la experiencia humana, operando de forma densa en la vigilia y de forma sutil en el transcurso de los sueños.

Mente Egotística (ahamkara) y Nivel Egoico: El ahamkara es definido como el "yo hacedor" o la función psicológica de apropiación individual, aquella instancia que dice egoístamente "yo percibo", "yo sufro", "yo pienso" o "yo hago". El nivel egoico es la cristalización e identificación ciega de esa función en una personalidad o identidad rígidamente establecida. Se nos enseña que el ego se manifiesta de tres formas diferenciadas en la conciencia condicionada: opera de forma hiperactiva y defensiva en la vigilia, actúa de forma proyectiva y fantaseadora en los ensueños, y permanece en un estado de latencia o semilla durmiente en el sueño profundo.

 Mente Trascendental (purusha como testigo / Turiya): Constituye la cúspide de la psicología estructural, identificada plenamente con Turiya y el Ser puro más allá de las modificaciones de la mente. No es una función cognitiva ni una capa más sujeta a la neurosis o al cambio; es el trasfondo inmutable, la Conciencia Pura e incondicionada que en la psicología transpersonal se describe con veneración como el "Sí-mismo profundo" o el horizonte sagrado donde nacen, se desarrollan y finalmente se disuelven todas las demás capas de la psique.

Se concluye con un postulado de inmenso valor terapéutico: la verdadera salud psicológica, el equilibrio mental integral y la autorrealización no se consiguen simplemente hipertrofiando el intelecto racional o dominando de forma conductista alguna de las funciones parciales de la mente consciente. Se logran de manera genuina mediante el reconocimiento experiencial y lúcido de la Mente Trascendental, de Turiya, permitiendo que el individuo deje de identificarse ciegamente con los contenidos fluctuantes e inestables de su psique y se descubra a sí mismo como el trasfondo de paz, silencio y libertad absoluta que sostiene con amor su existencia entera.

 

Conclusión

A lo largo de este análisis expositivo, hemos podido comprobar con total claridad y rigor conceptual cómo el Mandukya Upanishad, interpretado fielmente bajo la clara y fecunda mirada de Dharmachari Maitreyananda, se revela ante nosotros como un tratado vivo, práctico y de una vigencia existencial sobrecogedora. A través del despliegue de sus doce mantras, el texto sagrado no nos exige una fe ciega en dogmas religiosos ajenos ni nos sumerge en especulaciones metafísicas estériles; por el contrario, nos invita cordialmente a emprender un viaje fenomenológico de introspección profunda a través de los estados que experimentamos de forma cotidiana cada veinticuatro horas de nuestra vida: el despertar en la vigilia con Vaishvanara, el soñar creativo con Taijasa, y el descanso bendito del sueño profundo con Prajna.

La genialidad de la interpretación de Maitreyananda radica en su capacidad para traducir la terminología sánscrita tradicional en un lenguaje claro, directo y psicológicamente asimilable, demostrando que la gran ecuación vedántica Atman = Brahman posee un correlato clínico inmediato para el bienestar humano. Al desvelar a Turiya, el cuarto aspecto, no como una abstracción mística inalcanzable, sino como la Conciencia Pura y el Testigo Silencioso que habita en el núcleo mismo de nuestra subjetividad, el autor nos entrega una brújula infalible para navegar las tempestades de la existencia moderna, superando la angustia de la alienación y el miedo a la fragmentación neurótica. Quien asimila con lucidez esta enseñanza comprende que el Om no es solo un sonido que se pronuncia en una esterilla de yoga, sino el símbolo perfecto y total de su propio ser, un recordatorio perenne de que más allá de los pensamientos cambiantes, de los dolores físicos o de las vicisitudes del tiempo lineal, nuestra esencia verdadera es, ha sido y será siempre paz absoluta, bienaventuranza suprema, libertad indomable y no-dualidad eterna.

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Ensayo expositivo por Alexandra Martinez

basado en la Fuente Digital: Mandukya Upanisad

Autor: © Fernando Estevez Griego. (Maitreyananda)

Fernando Estevez Griego, 2025

Libro Digital, PDF


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